La máquina del tiempo que me permite tocarme las pelotas.
No estaría mal la verdad. Claro que siempre habría alguien, mujeres en su mayoría, que me dirían que no se afrontar mis problemas. Bueno, pero son míos y si no me sale de los huevos afrontarlos, me dejáis en paz. Pero no, no funciona así. Por mi si, claro, pero por ellas ni de coña.
Jazz me hizo pensar, tanto o más que Bibup y algo menos que Fan Fatal, a la que me encontré al llegar a casa mientras sacaba la basura en tanga y un top con botas de cowboy y un seco saludo – ¿Qué hay?
Expresión absurda desde luego porque haber no hay nada y menos con las pintas que llevaba.
A los 20 minutos de ver a Gordy y los Goonies y olvidar las gilipolleces de Calamaro, llaman a la puerta.
Como norma general, si no espero a nadie no abro y menos a esas horas.
Vale que a veces es un poco paranoico porque Benfiter un montón de veces ha quedado conmigo y se ha presentado antes y no le he abierto.
Y si lo llego a saber, no abro.
Jazz – Hola Adre, ¿puedo pasar?
Adre – Poder puedes.
Se acomoda en mi sofá, cruza las piernas y me sonríe. Y no se que me jode más de todo eso. Supongo que el que ponga las botas en mi sofá. Pero decir algo tampoco tendría mucho sentido.
Jazz – Tenía ganas de verte.
Adre – ¿Desde cuando? La última vez que intenté hablar contigo me mandaste lo más cerca posible de la mierda. O no, directamente allí.
Jazz – Estaba dolida.
Adre – ¿Ya no lo estás?
Jazz – Aun lo estoy.
Adre – Y ¿por qué has usado el pasado si lo sigues estando?
Jazz – Porque he pasado página.
Adre – ¿Por cual vas?
Jazz – En la de volver a intentar llevarme bien contigo.
Adre – No nos llevamos mal nunca. Pasamos de “tu me tiras las guitarras y yo las esquivo” a “tu decirme que soy un hijo de puta por irme de casa”
Jazz – ¿Por qué siempre olvidas partes importantes de todo ese asunto? ¿No recuerdas que tocabas más tus guitarras que a mi? ¿Qué olvidabas todas las cenas? ¿Qué llegabas tarde o no llegabas?
Adre – Detalles.
Jazz – Me gustaría volver atrás y enseñarte todos esos pequeños errores que me desquiciaban.
Adre – Y a mi, para enseñarte los destrozos que ocasionaste.
Jazz – Eres egoísta, ¿lo sabías?
Adre – Claro, ya te encargaste tu de recordármelo cada día.
Jazz – No eres justo. Siempre hablabas de tu máquina del tiempo. De lo que harías con una de ellas. ¿Nunca imaginaste lo que sería volver al pasado para cambiar todo lo que hiciste mal?
Adre – Eso ya lo hizo Mítico en su canción El truco y me sentí bastante bien identificado.
Jazz – ¿Tienes un donut?
Adre – ¡Qué poca vergüenza! Vienes a mi casa a decirme todo esto y no solo te quedas ahí, quieres comerte mis donuts.
Jazz – Se donde dar para que duela.
Adre – Ni que lo jures. De todas maneras. Si tuviese esa máquina del tiempo, no volvería al pasado para arreglar nada.
Jazz – ¿Tan poco valoras lo nuestro?
Adre – Al contrario, fíjate si lo valoro que por esa razón no volvería.
Jazz – Pues no lo entiendo.
Adre – Cuestión de paradojas temporales.
Jazz – ¿Paradojas o pajas?
Adre - Son casi igual de placenteras. Si volviera al pasado para arreglar algo y lo arreglase, ¿como hubiese sido posible el viaje inicial si el motivo por el que se hizo no se produjo porque lo arreglé en el pasado?
Jazz – ¿Es en estos momentos cuando te tiraba una guitarra verdad?
Adre – Si, por eso tengo cerrada la habitación.
Jazz – Dame un donut, anda.
Adre – Joder, pero si sabes donde están. ¿Por qué coño tengo que ir a darte algo que no quiero?
Jazz – Porque tu quieres otro membrillo.
Adre – Hay que joderse…
Y si, Jazz, aunque me jodiese todas las guitarras sin razón…que coño, su sonrisa me mata. Incluso Venaquí está contento y eso me mosquea mucho.
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