En el siglo XXI, un hombre valiente…
Parece que ha habido una rotura del canal de Isabel II. Una riada brutal se precipita por la calle. A esto se le llama sostenibilidad. Ah, no, no es una rotura de una tubería, es Jewel que llora sin consuelo, rodeada de compañeras y “amigas“.
Yo a lo mío que sinceramente me preocupa poco su berrinche mientras me dedico a mis menesteres culinarios. Aunque desde hace un rato oigo ruidos raritos en mi cabeza. Seguramente la parte oculta se rebela y quiere dar un poco por saco pero es como si estuviese buscando una emisora de AM.
Jewel – Como te lo digo, llegué a casa y allí estaban, en el sofá blanco sudando como cerdos y gimiendo sin parar.
Compañera 1 – Que hijo de puta, ¿y qué hiciste?
Jewel – Que voy a hacer, gritar y llorar.
Compañera 2 – Yo le hubiese cortado los huevos y a ella…..no se que le hubiese hecho.
Jewel – Luego me contó que lleva follándosela 4 años. Antes de siquiera conocerme.
Compañera 1 – Todos los hombres son iguales.
Dios, mi cerebro parece que es del grupo PRISA. ¿Por qué coño tengo que estar escuchando esta conversación? ¿Y quién coño ha puesto esta maquinilla de afeitar gigante en mitad del pasillo?
Compañera 2 – No todos son iguales, pueden ser peores. Mira, el de los donuts.
Adre – Te he oído, puta.
Compañera 2 – ¿Qué has dicho?
Adre – ¿Para qué preguntas si los has oído de puta madre?
Compañera 2 - ¿Me has insultado?
Adre – Bueno, en ocasiones eso puede llegar a ser un halago, así que tú misma.
Compañera 1 – Vete a la mierda tarado.
Adre – Menuda forma de dar ánimos a vuestra colega.
Compañera 2 – Eres el claro ejemplo de la decadencia del hombre.
Adre – Pensaba que esos eran los que os gustaban a vosotras, pero bueno, yo no me voy a quejar.
María – Joder, Adre, ¿qué haces aquí?
Efectivamente, la caballería a veces viene al rescate. María es la hermana pequeña de Jurgen, un amigo viajero que vino hace la torta a vivir conmigo en un intercambio de estudiantes. María no se llama así, tiene un nombre que no hay dios en este planeta que sepa pronunciar, así que la rebautizamos como María.
Adre – ¡Hey nena!, ¡cuánto tiempo!
Jewel – ¿Conoces a este tío?
María – ¿Que si lo conozco? Si yo te contase.
Adre – Cuenta, pero yo me piro de aquí. ¿Qué tal está Jurgen?
María – Está en China haciendo de no sé qué cosas.
Adre – Pues cuando regrese le dices que me llame, que hace mucho que no le veo.
María – Se lo diré. Y dame un beso capullo.
Adre – Yo también te quiero.
¡Ah! María, tierna infante. Fuera de la tienda mi conexión radiofónica mejora y parece ahora FM de la buena.
Jewel – ¿De qué conoces a ese?
María – ¿Ese? Se nota que a ti solo te van los tíos repletos de clembuterol. Ese como tú dices es un puto genio y además está forrado.
Jewel – ¡Pero si solo compra donuts fondant!
María – Cada uno tiene sus vicios.
Compañera 1 – Y ¿de cuanta pasta hablamos?
María – De mucha. Vendió una patente de no sé qué y se retiró. Podría rascarse los huevos el resto de su vida.
Jewel – Pues su perro me da tanta grima como él.
María – Mira esta foto. Es Jurgen y Adre.
Compañera 2 – Pues ahí está hasta bueno.
María – No te dejes engañar por las apariencias.
Señor, señor, que descubrimiento esto de las escuchas clandestinas, me voy a parecer a este paso a Luis del Olmo. Preferiría que María no contase cosas sobre mí, pero nunca ha sido de esas que se dejan aconsejar. Pasaría de mi culo.
Venaquí – Guau.
Adre – Supongo que tú no tienes que ver con esto que me está pasando ¿verdad? Que curiosa es la vida, ahora que a Jewel le han puesto unos cuernacos de impresión y se ha enterado que tengo cash, los operarios de su canal de Isabel II han arreglado la avería.
Ver para creer. Ahora resultará que los valientes del siglo XXI son los hombres que se atreven a tener amantes. Yo, por mi parte, les admiro, hay que tener cojones para aguantar a más de una mujer.
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